Comportamiento de los caracoles a orillas del Río Leteo
Encontré un caracol y acerqué mi dedo lentamente hasta tocarlo, sentí su viscosidad, su contracción débil y enfermiza ante mi llegada, su baba viscosa. Sentí repulsión y retiré la mano violentamente como si hubiera recibido un shock eléctrico. Me acerqué al caracol, --curiosos, excitados ambos por la experiencia-- y volví también a acercar mis dedos tan delicadamente que mi mano también tuvo algo de caracol. Espantado por aquella visión y por el repentino contacto, divisé también que soy un caracol y lo que todo este tiempo llamé mi mano no era sino mi antena. Como quien descubre que ha resucitado comencé a revisar mi cuerpo ahora de caracol, lo noté como el que había tocado y me sentí repulsión, luego volví la vista al otro caracol y descubrí terriblemente que no era un caracol, sino una mano.
Vuelvo a tocarla delicadamente, ¡cómo decirle, como comunicarle todo esto!
Vuelvo a tocarla delicadamente, ¡cómo decirle, como comunicarle todo esto!
Los peces del Río Leteo mueren en el mar
Siempre el ahogado se desnuda en un mar como enseñando a los peces la forma digna de morir. Los pocos peces que logran distinguir al iluminado desnudo le ofrecen a él toda su vida, mueren y viven por él a pesar de que para todos los demás solo sea un cadáver hinchado y sudoroso a la luz de la luna.
Los peces solo atinan hacer lo que hacen los peces. Pero llega un hombre desnudo, desafiante, proclamando solo lo distinto. El mar lo reconoce al instante y se infla de cólera, lo rodea y lo embiste en olas como dentelladas rabiosas. No hay problema, el hombre desnudo siempre supo que seria recibido de esta forma en el mundo de los peces. Danza entre las olas y se deja morir por las aguas. Los peces arrancan y comen partes de su cuerpo para tomar algo de la fuerza del muerto, se proclaman los elegidos del hombre desnudo y movilizan grandes cardúmenes pero todos a voluntad de las profundidades, todos ellos levantan el nombre del hombre desnudo y creen que al hacerlo no serán mas peces de mar aunque sus vidas no cambian, siempre fueron y serán las mismas: nacer, alimentarse, aparearse y morir. Los peces solo pueden tener destinos de peces.
El mar con el tiempo, va cubriendo cada vez mas el cuerpo desnudo, lo viste de mar hasta hacerlo casi invisible en el paisaje. Lo hace salado, acuoso y movedizo. Ya cualquier pez que logre divisarlo duda si lo que esta viendo es en realidad la realidad.
Los peces solo atinan hacer lo que hacen los peces. Pero llega un hombre desnudo, desafiante, proclamando solo lo distinto. El mar lo reconoce al instante y se infla de cólera, lo rodea y lo embiste en olas como dentelladas rabiosas. No hay problema, el hombre desnudo siempre supo que seria recibido de esta forma en el mundo de los peces. Danza entre las olas y se deja morir por las aguas. Los peces arrancan y comen partes de su cuerpo para tomar algo de la fuerza del muerto, se proclaman los elegidos del hombre desnudo y movilizan grandes cardúmenes pero todos a voluntad de las profundidades, todos ellos levantan el nombre del hombre desnudo y creen que al hacerlo no serán mas peces de mar aunque sus vidas no cambian, siempre fueron y serán las mismas: nacer, alimentarse, aparearse y morir. Los peces solo pueden tener destinos de peces.
El mar con el tiempo, va cubriendo cada vez mas el cuerpo desnudo, lo viste de mar hasta hacerlo casi invisible en el paisaje. Lo hace salado, acuoso y movedizo. Ya cualquier pez que logre divisarlo duda si lo que esta viendo es en realidad la realidad.

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