sábado, 16 de junio de 2018

CUADERNOS DE CONSTANCIA (Primera Parte)


Seremos breves, contaremos solo un poco la vida de ese gran naturalista francés llamado Fernando Lahille y nos centraremos de lleno en su obra y su paso por el pueblo de Constancia. El Doctor Lahille nació en Rouen, Francia, el 18 de agosto de 1861. La vocación por las Ciencias Naturales se le despertó desde muy joven y cursó brillantemente en la Universidad de París. Ya graduado prosiguió la carrera de medicina en la cual obtuvo el título pertinente dos años después. Al poco tiempo empezaron a trascender sus primeros trabajos, entre los años 1884 y 1893, los cuales incluían a varios grupos zoológicos, tales como peces, batracios, medusas, quilópodos, braquiópodos, tunicados, mamíferos, entomología pura y agrícola.
Fernando Lahille (que ya gozaba de cimentada fama de investigador en su patria) conoce a nuestro pueblo de Constancia cuando el Museo de La Plata contrató sus servicios para realizar estudios hidrobiológicos en las costas argentinas en el año 1893.
No sabemos bien cómo fue que el Doctor supo de las propiedades curiosas de las dos aguas que viven en el pueblo, (el rio Leteo y la laguna Estigia) o si alguna vez las supo. Aquel tipo de cuestiones milagrosas siempre fue subestimado por los hombres ilustrados y tenido en sus conversaciones solo como un motivo de burla. Lo que sí sabemos es que el Doctor Lahille se obsesionó celosamente en estudiar los extraños comportamientos de la fauna en aquel lugar. Su curiosidad no estaba detrás algún espécimen novedoso o de alguno de esos estudios costeros por lo cual lo habían contratado. Sus observaciones eran por los mismos animales que estaban dispersos en todo el territorio de la Provincia de Buenos Aires, pero allí, en Constancia, precisamente a las orillas de su rio y su laguna, esa misma fauna manifestaba para él un comportamiento completamente inédito.
Se habla mucho de él en algunas publicaciones científicas de mayor renombre mundial, por aquel entonces, como lo era el boletín de la Sociedad de Historia Natural de Toulouse : “La obra de Fernando Lahille se halla todavía lejos de estar terminada, y, sin embargo, ya basta para demostrar que, contra lo que hoy comúnmente se cree, es posible ser investigador, … sin incurrir en el absurdo de la especialización exagerada”.
Angel Cabrera refiriéndose a él también dijo: "...Pero entiéndase bien, Lahille es ante todo y sobre todo investigador concienzudo, tal vez por lo mismo que ha investigado siempre movido por su espíritu filosófico”.
En 1904 se le otorga diploma de honor en la Exposición Universal de Saint Louis Norte América, en 1906 es designado oficial de Academia y corresponsal del Museo de Historia Natural de París; en 1910 miembro del Comité Permanente de los congresos entomológicos; en 1911 le otorgan medalla de oro en la Exposición de Torino y de plata en la de Roubaix; en 1917 es designado Consejero de la Facultad de Agronomía y Veterinaria; en 1925 presidente de la Asociación Nacional de Pesca y en 1934 Caballero de la Legión de Honor. Fernando Lahille falleció en Buenos Aires el 13 de julio de 1940
A lo que nadie pudo acceder en esos años lúcidos, en que el gran naturalista estuvo vivo, es a sus diarios de viaje. Cuadernos que el Doctor Lahille guardaba celoso siempre consigo. Cuarenta años después esos cuadernos fueron donados al Museo Nacional de la Plata por uno de sus ayudantes, discípulo y amigo, el Dr. Fesquet, quien como una disculpa al deseo del Doctor Lahille los hace públicos cuatro décadas después. Acertadamente al parecer, el ayudante anticipó a todos los presentes antes de soltar estos cuadernos, que aquellas observaciones eran estrictamente científicas, y pidió que sean tratadas como tales pese a estar adelantadas a toda época. El Doctor Lahille se merecía ese respeto exigido, sin embargo, una vez estudiado aquellos diarios por los académicos más representativos de la actual Universidad de la Plata, se llegó a la conclusión de que estos no coincidían en nada con las publicaciones que el Doctor Lahille hizo en vida, algunos las trataron de apócrifas, otros las desestimaron como simples garabatos en la intimidad y el ocio de un genio, algunos solo se burlaron y no emitieron otra opinión más que esa. Los diarios de viaje del Doctor Lahille pasaron a los depósitos del museo y están bajo una caja de doble llave que ya nadie abre.
Según cuentan aquellos que tuvieron la posibilidad de estudiarlos, más de la mitad de aquellas anotaciones tratan de un pequeño pueblo de la Provincia de Buenos Aires llamado Constancia. En esas páginas las preguntas y las repuestas se vuelven cada vez más inentendibles, a veces ilegibles, como si de alguna forma la prolijidad reconocida del Doctor Lahille y de la que se constatan en las páginas anteriores se viera desbordada.
Algunas de esos escritos misteriosos se pudieron transcribir gracias al aporte del Dr. Fesquet. Tenemos el agrado de compartirlos en esta página con el nombre original de Cuadernos de Constancia.

CUADERNOS DE CONSTANCIA (Parte dos)


Samsara para un venado de las Pampas
Un venado de las Pampas se detiene ante un lago y se sorprende en un reflejo calmo que lo mira, se arrodilla y lo observa atentamente, como una fiera encandilada, algo lo llama y se acerca mas hasta descubrir que sus ojos que están reflejados en el agua, reflejan también sus ojos y otra vez sus ojos en esos ojos. La visión es infinita y retiene al desdichado, el venado desconoce que ha sido atrapado para siempre.
Las dos imágenes del Caldén
Hay dos imágenes petrificadas que son distintas, una tempestuosa que desea matarme y otra que me ama como nada, pero ambas son las mismas como las raíces son también ramas del caldén, árboles que crecen a la inversa de lo visible, uno hurga en la luz y el otro en las sombras primordiales, uno no existe sin el otro sin embargo ambos se olvidan y se odian, se ven distintos y uno nunca será el otro cuando en realidad el otro nunca existió

CUADERNOS DE CONSTANCIA (Parte Tres)


Comportamiento de los caracoles a orillas del Río Leteo
Encontré un caracol y acerqué mi dedo lentamente hasta tocarlo, sentí su viscosidad, su contracción débil y enfermiza ante mi llegada, su baba viscosa. Sentí repulsión y retiré la mano violentamente como si hubiera recibido un shock eléctrico. Me acerqué al caracol, --curiosos, excitados ambos por la experiencia-- y volví también a acercar mis dedos tan delicadamente que mi mano también tuvo algo de caracol. Espantado por aquella visión y por el repentino contacto, divisé también que soy un caracol y lo que todo este tiempo llamé mi mano no era sino mi antena. Como quien descubre que ha resucitado comencé a revisar mi cuerpo ahora de caracol, lo noté como el que había tocado y me sentí repulsión, luego volví la vista al otro caracol y descubrí terriblemente que no era un caracol, sino una mano.
Vuelvo a tocarla delicadamente, ¡cómo decirle, como comunicarle todo esto!
Los peces del Río Leteo mueren en el mar
Siempre el ahogado se desnuda en un mar como enseñando a los peces la forma digna de morir. Los pocos peces que logran distinguir al iluminado desnudo le ofrecen a él toda su vida, mueren y viven por él a pesar de que para todos los demás solo sea un cadáver hinchado y sudoroso a la luz de la luna.
Los peces solo atinan hacer lo que hacen los peces. Pero llega un hombre desnudo, desafiante, proclamando solo lo distinto. El mar lo reconoce al instante y se infla de cólera, lo rodea y lo embiste en olas como dentelladas rabiosas. No hay problema, el hombre desnudo siempre supo que seria recibido de esta forma en el mundo de los peces. Danza entre las olas y se deja morir por las aguas. Los peces arrancan y comen partes de su cuerpo para tomar algo de la fuerza del muerto, se proclaman los elegidos del hombre desnudo y movilizan grandes cardúmenes pero todos a voluntad de las profundidades, todos ellos levantan el nombre del hombre desnudo y creen que al hacerlo no serán mas peces de mar aunque sus vidas no cambian, siempre fueron y serán las mismas: nacer, alimentarse, aparearse y morir. Los peces solo pueden tener destinos de peces.
El mar con el tiempo, va cubriendo cada vez mas el cuerpo desnudo, lo viste de mar hasta hacerlo casi invisible en el paisaje. Lo hace salado, acuoso y movedizo. Ya cualquier pez que logre divisarlo duda si lo que esta viendo es en realidad la realidad.

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